sábado, 27 de diciembre de 2008

Esfuerzo contra la tecnología

Me ha costado entender como en las décadas pasadas las personas hacían sus trabajos, de cualquier índole. No existía internet, por ende, no existía el correo electrónico, no existían las cosas online. Luego, todo era a mano, y cuando había que enviar algo, se hacía por encomienda.

Esto ha sido mucho más notorio en la educación tanto primaria, secundaria como superior. Antes, los niños para hacer sus trabajos, por ejemplo biografías de algún personaje importante, tenían que ir necesariamente a una enciclopedia que tenían en casa o la pedían prestada a algún vecino o amigo, o sino, tenían que comprar el icarito respectivo donde salía dicha información. Recortar las fotos de ese personaje y transcribir manualmente toda la información que se le había pedido de tarea. Ahora, es muchísimo más fácil este periplo, basta solamente con colocar http://www.google.com/, colocar el nombre de dicho personaje, y saldrá toda la información que se necesite, e incluso más. Y este ejemplo es válido para cualquier información, foto, documento, diario, etc. que se necesite.

En la educación superior, por ejemplo, antes se tenían que consultar muchos libros, buscarlos detenidamente, leer bastante para estudiar alguna materia o buscar información para un informe de trabajo. Con la aparición de portales en cada universidad donde los profesores suben las materias, apuntes, guías de ejercicios, incluso ejercicios resueltos, el alumno solamente debe hacer un click para descargar toda esa información y ahorrarse un tiempo considerable en buscarla. Es decir, se ha reducido al mínimo el esfuerzo por obtener la información. El ahorro de tiempo en buscarla, se ha traducido en jóvenes que no hayan que hacer con su tiempo y se entretienen gran parte de ese tiempo ahorrado en cosas como Facebook (una pérdida de tiempo total, si su uso es meramente social sin fines educacionales o difusión de conocimiento), usado para subir la autoestima de cada uno de ellos, juegos online que al final de cuentas pretender ser de estrategia (lo cual ya sería un gasto de tiempo beneficioso ya que por lo menos estimularía el pensamiento lógico) pero, finalmente, muchos terminan mostrando su verdadero rostro y, no son más que juegos de matanzas sin lógica alguna. Son pocas las personas en términos relativos que dedican su tiempo en otras cosas beneficiosas o productivas, como la lectura, el deporte o la reflexión. Basta preguntarle a cualquiera de esas personas asiduas al Facebook, que pasan realizando test o subiendo fotos por montón, cuando fue la última vez que leyó un libro de más de 100 páginas, por ejemplo, o cuando fue la última vez que hizo deporte (con esto quiero decir, más de 60 minutos por lo menos tres veces en la semana por un tiempo prolongado) la respuesta será la mayoría de las veces: “Hace mucho tiempo” o “Nunca”.

Luego, la tecnología ha contribuido a crear personas menos esforzadas, o derechamente más flojas, que para que algo esté a su alcance tiene que estar necesariamente a un click de distancia, porque sino, el trabajo se torna casi imposible, que implica un esfuerzo tan enorme como de ir a una biblioteca y buscar la información que se necesita. O creen de forma casi increíble que si la información no está en internet, simplemente no existe. Personas adictas al computador, a las relaciones interpersonales online, aversas a realizar un trabajo que implique salir de sus cómodas sillas y de sacar la vista de ese monitor y salir al mundo real y relacionarse y buscar las cosas que sean necesarias.

Las peticiones abundan para que me haga un facebook y suba mis fotos (hacer un facebook quizás, con fines académicos o informativos, ya que mucha información se envía por este medio, pero fotos, lo dudo) o para que me conecte más seguido a MSN, ya que si no hago esas dos cosas, prácticamente no existo, JA. Técnicamente, se tiene más vida que toda esa tropa de vagos fuera de esa red que adormece cerebros. Personalmente, estoy más en contacto con la naturaleza desde que he dejado internet sólo para uso académico, desde que he dejado de depender de un computador para hacer las cosas, desde que la televisión y las cosas online ocupan menos tiempo de mi vida, y he incorporado más buenos hábitos o los he fomentado en mayor medida que antes como la lectura, o el salir a andar en bicicleta o correr bajo inmensos árboles que dan un lujoso paisaje para hacer deporte.

En fin, la computación, internet, desgraciadamente se ha tomado en parte nuestras vidas, tanto para hacer trámites necesarios (que no se pueden hacer en otra parte) como para cumplir con las exigencias universitarias, creando gente más sedentaria y dependiente de este medio, pero también ha hecho resplandecer otras actividades que antes no se valoraban tanto, y que me han hecho en lo personal, valorar también otras cosas y a hacer de internet un medio necesario, pero que no utilizo más allá de eso, de lo necesario, es decir, si se puede prescindir de él para hacer alguna cosa, se prescindirá y se hará de alguna otra forma alternativa.

Navidad, lo mismo de siempre

Llegó diciembre y, con ello, la Navidad. Sí, la Navidad, esa época donde se “supone” se conmemora para el mundo religioso el nacimiento (cumpleaños) de Jesucristo. Un hecho más que relevante mirado desde el punto de vista religioso, donde comparando con otras fechas similares (desde el punto de vista de la religión, como por ejemplo la semana santa, Corpus Cristi, Pentecostés, etc.) es donde menos se puede visualizar este concepto. Una época que debiera llevar a la reflexión, recordar, internalizar y aplicar los consejos y enseñanzas de Cristo es llevada al extremo opuesto, donde acaso por casualidad alguien se acuerda de este suceso. En cambio, es posible observar una multitud de personas en las calles, buscando de manera casi frenética el regalo ideal para sus familiares y seres queridos; donde el parámetro de medición para evaluar el mejor regalo generalmente suele ser el precio (mientras más alto mejor, ya que indica que la persona hizo un mayor sacrificio y por arte de magia implica que el cariño también es mayor). Es así, como esta fecha pasa a constituir un factor de estrés, donde el estado mental, de nerviosismo de la mayoría comienza a contagiar a cuanta persona sea capaz de salir de su casa. Aquí nacen precisamente muchas de las deudas que atormentan durante meses e incluso años a muchos individuos.

Un hecho del cual me he percatado hace ya un tiempo son las campañas publicitarias de las grandes cadenas de retail (como Falabella, París o Ripley) las cuales están empeñadas en inculcar en el común de la gente el “necesitar un regalo” Un ejemplo claro es ver a Tonka Tomicic en un comercial de París diciendo “Aquí encontrarás el regalo que necesitas”. Es decir, se da por hecho que necesitamos algo en estas fechas. Esto es mucho más fácil de ser internalizado en los niños, donde las necesidades de compra son el 99% de las veces una compra impulsiva, es decir, no necesitan nada, hasta que ven en una vitrina un juguete dado (por ejemplo) e, inmediatamente pasa a ser una necesidad, empiezan a molestar para que se lo compren y hacen un escándalo tremendo si es que no se llega a comprar. Esto también se puede extrapolar a mucha gente que tiene la necesidad de tapar sus poco emocionantes vidas y/o carentes de afecto o de valoración del diario vivir con regalos que poco necesitan y gastando el dinero que no tienen en regalar cosas que dentro de un tiempo tendrán poco a nada de valor en las personas captadoras de ese regalo, (obvio, ya que nunca lo necesitaron).

Todo lo anterior, matizado por los adornos propios de la época: Los adornos navideños, llámese el árbol de pascua (un pino para ser preciso), la bota roja, el bastón, las campanitas, los renos y, como olvidarlo a él, el Viejito Pascuero (Santa Claus universalmente), ese invento publicitario ideado por Coca-Cola Company y que ya ha sido adoptado globalmente como símbolo de la navidad. Así, se crea un escenario propicio para comprar, endeudarse, estresarse ahora y en el largo plazo pagando deudas, acordarse de gente que en el resto del año con suerte sabemos que existen, etc. Y así, se pierde el significado para la gente católica de esta fecha.

Es preciso colocar un último ejemplo para cerrar este artículo (o reflexión). Los comerciales de Falabella, por ejemplo, referidos a la navidad en ningún momento hacen referencia al significado religioso de la fecha, ni Jesucristo, ni nacimiento ni nada. Solamente un paisaje donde está nevando, niños, regalos, viejo pascuero. Compras, compras y más compras. Le dejo la siguiente recomendación: Busque en Internet el registro de ventas mensuales de las grandes tiendas y compare cada mes y se llevará una gran sorpresa (obviamente en Diciembre se disparan las ventas) y comprenderá por qué las tiendas están tan empeñadas en colocar los adornos navideños lo antes posible en sus tiendas (se pueden visualizar comenzando el mes de noviembre los atisbos navideños en cada una de ellas). También podrá comprender, por qué en televisión la publicidad navideña comienza también mucho antes, y por qué también cada programa de televisión lo incita a comprar. (Es preciso recordar que quienes mayores ingresos por auspicios generan a la TV son las tiendas como Falabella o Ripley) y así podrá entender también como se coluden todas estas empresas con bancos e instituciones financieras para fomentar el crédito de consumo para personas que posiblemente no podrán pagar, y que tendrá como consecuencia el posterior sobreendeudamiento para pagar las deudas.