sábado, 27 de diciembre de 2008

Navidad, lo mismo de siempre

Llegó diciembre y, con ello, la Navidad. Sí, la Navidad, esa época donde se “supone” se conmemora para el mundo religioso el nacimiento (cumpleaños) de Jesucristo. Un hecho más que relevante mirado desde el punto de vista religioso, donde comparando con otras fechas similares (desde el punto de vista de la religión, como por ejemplo la semana santa, Corpus Cristi, Pentecostés, etc.) es donde menos se puede visualizar este concepto. Una época que debiera llevar a la reflexión, recordar, internalizar y aplicar los consejos y enseñanzas de Cristo es llevada al extremo opuesto, donde acaso por casualidad alguien se acuerda de este suceso. En cambio, es posible observar una multitud de personas en las calles, buscando de manera casi frenética el regalo ideal para sus familiares y seres queridos; donde el parámetro de medición para evaluar el mejor regalo generalmente suele ser el precio (mientras más alto mejor, ya que indica que la persona hizo un mayor sacrificio y por arte de magia implica que el cariño también es mayor). Es así, como esta fecha pasa a constituir un factor de estrés, donde el estado mental, de nerviosismo de la mayoría comienza a contagiar a cuanta persona sea capaz de salir de su casa. Aquí nacen precisamente muchas de las deudas que atormentan durante meses e incluso años a muchos individuos.

Un hecho del cual me he percatado hace ya un tiempo son las campañas publicitarias de las grandes cadenas de retail (como Falabella, París o Ripley) las cuales están empeñadas en inculcar en el común de la gente el “necesitar un regalo” Un ejemplo claro es ver a Tonka Tomicic en un comercial de París diciendo “Aquí encontrarás el regalo que necesitas”. Es decir, se da por hecho que necesitamos algo en estas fechas. Esto es mucho más fácil de ser internalizado en los niños, donde las necesidades de compra son el 99% de las veces una compra impulsiva, es decir, no necesitan nada, hasta que ven en una vitrina un juguete dado (por ejemplo) e, inmediatamente pasa a ser una necesidad, empiezan a molestar para que se lo compren y hacen un escándalo tremendo si es que no se llega a comprar. Esto también se puede extrapolar a mucha gente que tiene la necesidad de tapar sus poco emocionantes vidas y/o carentes de afecto o de valoración del diario vivir con regalos que poco necesitan y gastando el dinero que no tienen en regalar cosas que dentro de un tiempo tendrán poco a nada de valor en las personas captadoras de ese regalo, (obvio, ya que nunca lo necesitaron).

Todo lo anterior, matizado por los adornos propios de la época: Los adornos navideños, llámese el árbol de pascua (un pino para ser preciso), la bota roja, el bastón, las campanitas, los renos y, como olvidarlo a él, el Viejito Pascuero (Santa Claus universalmente), ese invento publicitario ideado por Coca-Cola Company y que ya ha sido adoptado globalmente como símbolo de la navidad. Así, se crea un escenario propicio para comprar, endeudarse, estresarse ahora y en el largo plazo pagando deudas, acordarse de gente que en el resto del año con suerte sabemos que existen, etc. Y así, se pierde el significado para la gente católica de esta fecha.

Es preciso colocar un último ejemplo para cerrar este artículo (o reflexión). Los comerciales de Falabella, por ejemplo, referidos a la navidad en ningún momento hacen referencia al significado religioso de la fecha, ni Jesucristo, ni nacimiento ni nada. Solamente un paisaje donde está nevando, niños, regalos, viejo pascuero. Compras, compras y más compras. Le dejo la siguiente recomendación: Busque en Internet el registro de ventas mensuales de las grandes tiendas y compare cada mes y se llevará una gran sorpresa (obviamente en Diciembre se disparan las ventas) y comprenderá por qué las tiendas están tan empeñadas en colocar los adornos navideños lo antes posible en sus tiendas (se pueden visualizar comenzando el mes de noviembre los atisbos navideños en cada una de ellas). También podrá comprender, por qué en televisión la publicidad navideña comienza también mucho antes, y por qué también cada programa de televisión lo incita a comprar. (Es preciso recordar que quienes mayores ingresos por auspicios generan a la TV son las tiendas como Falabella o Ripley) y así podrá entender también como se coluden todas estas empresas con bancos e instituciones financieras para fomentar el crédito de consumo para personas que posiblemente no podrán pagar, y que tendrá como consecuencia el posterior sobreendeudamiento para pagar las deudas.

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